Susurros Mortales, el comienzo de la saga… Amazon

La pesadilla de una adolescente en una noche de invierno. Sus dos amigas, brutalmente asesinadas, arrancados sus corazones. El asesino, persiguiéndola a través de la casa. Una promesa; un susurro mortal detrás de la puerta del baño: “Regresaré por ti.”
Veinte años después, una serie de brutales asesinatos sacuden la ciudad de New Haven, Connecticut. Todas las víctimas, mujeres jóvenes y profesionales, son halladas muertas, sin corazón.
La agente especial del FBI, Stacey Loggins, una de las mejores en la caza de asesinos en serie de los Estados Unidos, está en la búsqueda de este monstruo, un sanguinario ser que conoce cada movida de la agente federal, y quien la reta a un juego mortal.
El Rompecorazones es el rey; Stacey, el peón. 
Stephi Loggins, única hermana de Stacey, desaparece. El Rompecorazones ha retado a Stacey. Tiene exactamente siete días para descifrar el misterio de todos estos asesinatos. Si al final de este juego Stacey puede susurrarle al asesino en su oído su nombre verdadero, Stephi vivirá.
Si se equivoca…
Comienza el juego. El tiempo se acaba, y solamente uno de ellos ganará…

Amazon: rxe.me/R212CA

Terror puro, el comienzo… Susurros Mortales

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales.

Recordando, pues siempre es bueno hacerlo, sean positivas o negativas las memorias que ello encierra, no pude evitar el rememorar esos pasos iniciales antes de comenzar a escribir mi primera novela, Susurros Mortales, o Deadly Whispers, como originalmente salió publicada allá por el 2001 en Estados Unidos.

El nacimiento de la saga, que espero concluir para el 2017 una vez haya terminado unos proyectos que están actualmente en proceso, pero ya eso es otra historia.

Recuerdo que estaba sentado en la sala de mi hogar de Manatí, Puerto Rico, una tarde del verano del 2000, solo, cabizbajo, pensativo, triste por demás, pues en pocos días viajaría a la ciudad de New Haven, Connecticut, para encontrarme con mi madre Elsie, ya diagnosticada con cáncer de pulmón, y en vías de comenzar su tratamiento contra el mismo en el New Haven-Yale Hospital, a pocos pasos de la residencia de mi hermana Yolanda, donde mi madre habitaba en esos momentos.

Pensaba: ¿Qué pasará con mami? ¿Saldrá bien o no? Si ella moría, ¿podría superar ese dolor de perderla? Yo adoraba a mi madre, en ocasiones difícil de tratar, pero luchadora y amorosa con sus hijos, y con una voluntad inquebrantable para seguir adelante a pesar de las circunstancias. No era quizás una madre perfecta, pero para nosotros lo era. Y no quería dejarla abandonada en esos instantes cuando más nos necesitaba. Por eso viajaba hacia New Haven, para cuidarla y acompañarla.

Mientras mi alma y corazón volaban hacia ella y su enfermedad en esa tarde, también pensé en que yo no tenía nada en mi vida en ese momento que me permitiera aportar, aunque fuera poco al tratamiento y recuperación posterior de mi querida madre. Me encontraba desempleado, sin un centavo en los bolsillos, y desilusionado con el giro que mi existencia había tomado en los últimos tiempos. En pocas palabras, con un down o depresión terrible, a punto de tomar una decisión irremediable, pues ya el mundo bonito como yo anhelaba desde niño, ya no tenía sentido para mí. Nada me alegraba, nada me rescataba del abismo oscuro en que estaba sumergido hasta el fondo. Había perdido mis sueños, mis metas, mis deseos de ser alguien, de sobresalir, de poder dejar un legado para generaciones futuras, en fin, de muchas cosas que se perdieron en el camino, y que nunca recuperaría.

Entonces, para ahuyentar todos esos demonios, y no pensar más en ellos, reparé en una pequeña libreta de apuntes que se encontraba en una mesa al lado mío, y la tomé.

La abrí, y me dije:

—Voy a escribir algo.

¿Pero qué?

—Una novela.

¿Y cómo diablos, si nunca lo había hecho?

Pero comencé, que es lo primero que debe hacer cualquier ser humano si desea superar la vida y sus obstáculos.

Recordé muchos libros leídos, novelas, ensayos; todo. La forma de escribir, desarrollar, personajes, diálogos, contenido importante, la trama y sus vericuetos literarios, en fin, todo de lo que se componía la redacción de un escrito, en este caso, una novela de ficción sobre un asesino en serie y los consiguientes esfuerzos de las fuerzas policiales para atraparlo antes de que siguiera asesinando personas inocentes.

Poco a poco la pensé y le di vida a mi primera novela. En esos primeros días mi mano volaba encima de la libreta de apuntes, escribía, borraba, tachaba, arrancaba la página si no me gustaba, la volvía a escribir, hasta que llegué a New Haven. Allí entonces la desarrollé completamente, estudié la historia de la ciudad, sus lugares históricos, su trayectoria, calles, ausculté libros enteros y artículos de índole policial e investigativa, procedimientos del FBI, ciencias forenses y sus distintas ramas, y lo más importante, el estudio de los asesinos en serie y sus categorías, los motivos por los que asesinaban, su modus operandi, sus trofeos, sus personalidades, y también la criminología y criminalística de laboratorio y de campo en las escenas criminales. Muchas cosas de las que me tuve que empapar para escribir correctamente y documentar apropiadamente esta novela inicial.

Luego de llegar a un punto culminante, alrededor de la página 140 más o menos, me quedé en blanco. Totalmente. Se me habían acabado las ideas, el teclado de la computadora cogió polvo por su falta de uso. No sabía qué más escribir, cómo continuar.

Así estuve semanas, desorientado, bloqueado, mientras cuidaba a mi madre y la llevaba a sus sesiones de quimioterapia, y veía cómo poco a poco su rostro adquiría color y vida por el tratamiento en sí, y quizás la incipiente esperanza de que al final, mami podría superar el dolor y vivir plenamente o por lo menos a medio pocillo para beneplácito y alegría de todos, situación que un tiempo después descubrimos que no iba a ser posible, cuando su organismo comenzó a rechazar el veneno que le introducían a su cuerpo, y los médicos decidieron descontinuar el tratamiento por la falta de avances en la condición cancerosa de mi madre.

Una tarde, regresando a la casa de mi hermana, subí a mi cuarto a dormir un rato.

Al tirarme en la cama cerré mis ojos.

Visualicé la novela enteramente. Principio, contenido y final, los capítulos que restaban, y el final. En cuestión de cinco minutos, sinceramente, en mi imaginación, que salió a rescatarme cuando ya no albergaba la esperanza de poder culminar el proyecto favorablemente. Increíble, pero cierto.

Abrí mis ojos, me levanté de la cama, y corrí hacia la computadora. Empecé a escribir como loco, aprovechando esa oleada de ideas que asaltaron mi mente, y a los pocos días la terminé. La revisé, la corregí, volví a cambiarle muchas escenas y diálogos, y la sometí a un par de editoriales en Estados Unidos, donde semanas después recibí la notificación de parte de una de ellas de que estaban interesados para publicarla, por lo que decidimos presentarla en inglés, labor titánica en la que mi hermana Yolanda tuvo la encomienda de traducirla completamente con excelencia, y luego comenzar el arduo proceso de revisión de contexto literario y preparación para imprimirlo meses después en el 2001, poco antes de mi madre fallecer, y dejarme destrozado al igual que al resto de la familia.

No tengo que explicar la alegría inmensa que sentí al recibir la aprobación y luego contrato con la editorial, y el sentimiento inconfundible que acompaña a cualquier ser humano cuando es bendecido por Dios. Una sensación de bienestar y felicidad que arropa tu cuerpo de la cabeza a los pies, y que te hace flotar por las nubes.

Perdí a mi madre meses después, y aún me duele el recordarlo, muchísimo, pero siempre he pensado que cuando perdemos algo en nuestras vidas, una bendición y una puerta se abren un poquito más adelante para compensarnos por ese dolor. Compensarnos, no olvidarlo, pues cuando se quiere de verdad, especialmente a una madre que lo dio todo por su familia, eso no se puede enterrar en un rincón lejano de nuestra mente o corazón. Es un sentimiento hermoso que nos acompañará hasta que muramos y nos volvamos a encontrar en un lugar mejor. Por lo menos, eso espero, encontrarnos de nuevo, y para siempre.

Esta fue la breve historia del nacimiento de la saga de Susurros Mortales, que sé es excelente en su historia, y que dio comienzo a mi inquietud de llegar al mundo entero con mis escritos, y dejar mi hermoso legado para generaciones presentes y futuras. Mi destino ya está trazado de antemano por Dios, y las bendiciones que restan vienen en camino.

Confío en ellas. A la venta en Amazon (libro) http://a.co/6sPBY6R. En digital: http://a.co/8fkdCXR

Cuando la vida te pone a prueba…

Cuando la vida te pone a prueba…
(Primero de algunos capítulos de mis libros que pondré regularmente en Facebook y otros lugares para disfrute del lector)

Cuando la vida te pone a prueba ¿Eres de los que abandonan cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Cuándo nadie te da la mano? ¿Cuándo estás a punto de echarte al suelo a lamentarte por lo que pudo haber sido y no fue? Desde que nacemos y crecemos, la vida se encarga solita de someternos a toda clase de pruebas, unas sencillas; otras bien duras, de esas que nos hacen doblar las rodillas, y pedirle a Dios que nos saque del abismo en el que nos hemos hundido hasta el fondo. No vivimos en un mundo perfecto; mucho menos rosado. El mundo es cruel, la vida es injusta, las personas son egoístas, y todo lo que nos rodea tira arbitrariamente para su lado. ¿Y qué podemos hacer? ¿Seguir lamentándonos? ¿Llorar? ¿Mandar todo al demonio y ya? También podemos entrar a las redes sociales y declarar a todas nuestras amistades ahí, y a sus amigos, que no lo son nuestros, y al mundo en general y a los entrometidos de vidas ajenas, que somos unos desdichados, de que no sabemos lidiar con las situaciones adversas que el diario vivir nos trae, que somos unos pobrecitos infelices que merecemos un poquito de compasión de los demás para que nuestro sufrimiento y tristeza sea más llevadero. ¿En serio? ¿Me estás diciendo que eres de esos que declaran a los cuatro vientos en las redes sociales todo lo que te pasa, y si no, te lo inventas? ¡Wow, qué mal te va! Porque si eres de esas personas que no tienen vida propia, y vives las ajenas y de lo que ellas opinen de ti, te queda un largo camino por recorrer para que puedas salir de tu laberinto emocional que te tiene perdido en tu percepción de lo que debe ser una existencia bonita de así tú desearlo. Como te dije anteriormente, tú eres tú, no eres otra persona. Cuando mueras, al que van a enterrar es a ti, no a tu amigo de la red social, a tu jefe, a tus familiares, a tu pareja; a nadie más que a ti, con todas esas dudas y miedos que te impidieron vivir a plenitud porque no tuviste el valor de decir BASTA YA, y comenzar a mandar todo al demonio y vivir tu vida al fin, sin importar el qué dirán. Al fin y al cabo, cuando te encuentras hundido hasta el fondo, no va a aparecer absolutamente nadie para rescatarte, porque todos están tan ocupados viviendo sus vidas propias, que no se van a dignar ayudar a un pobre individuo que nunca tuvo el valor de ser él mismo. ¿Ayudarías tú a alguien así? ¿Verdad que no? ¿A qué no sabes por qué?

Vergara Ramírez, Peter R.. TU PEOR ENEMIGO SIEMPRE SERÁS TÚ: Creer en ti es el primer paso para superar tus miedos… (Motivación Para Vivir Plenamente nº 1) (Spanish Edition) (Kindle Locations 166-190). UNKNOWN. Kindle Edition. https://www.amazon.com/dp/B01LMLR33M

Susurros Mortales Ángel de Piedad, de venta en Amazon

Capítulos gratuitos de este y los demás libros del autor en: goo.gl/b0iu08
¡DISPONIBLE EN AMAZON ESPAÑA, EU, PR, MÉXICO, FRANCIA, JAPÓN y muchos países más! Segunda parte de la trilogía Susurros Mortales, donde un monstruo sanguinario vuelve a asolar las tranquilas calles de New Haven, Connecticut, y es llamado el FBI, bajo el comando de la novata agente especial Allyson Davis, y su unidad élite en la captura de asesinos en serie. Esta impactante novela los mantendrá en sus asientos hasta el final. Obtenga hoy su copia por Amazon ebook y libro . https://amzn.com/B01LC59QHE

El Dolor de Perderte— extracto de una historia en proceso. Peter R. Vergara Ramírez—autor

EL DOLOR DE PERDERTE UNA HISTORIA REAL
—Vete a dormir, hijo — susurró mi querida madre al reparar en mi presencia. Estaba sentado a su lado, en una silla, incómoda, por cierto, mientras ella reposaba, si se le podía llamar reposar a lo que hacía, en la cama. Tampoco lucía confortable, al igual que yo. Su blanco y escaso cabello, en un tiempo abundante y rizado, refulgía bajo la tenue luz de la habitación. Aparentaba tener más edad de la que realmente ostentaba, sesenta y nueve años, pues la quebradiza fragilidad que actualmente la mantenía derrotada en esa posición la hacía sentir y verse así, una anciana. Era imposible que pesara cien libras, de tan delgada que estaba. La piel de sus brazos caía fláccida a los costados, y los huesos de su cuerpo, en general, se podían distinguir a simple vista.
No le respondí de momento. La miré; solamente eso. Ni una palabra entre nosotros. No eran necesarias.
Me acerqué entonces a ella, y la besé en la frente con inefable ternura, como lo hacía al despedirme por las noches. Me devolvió el beso con suavidad.
—Bendición, mamita, que duermas bien— susurré quedamente.
—Te deseo lo mismo. Dios te bendiga— se despidió, acomodando su cabeza dificultosamente en la almohada, tratando inútilmente de que yo no viera el dolor que experimentaba al hacerlo. La noche recién comenzaba, pues todavía no eran las ocho. Para mamá, sin embargo, ya era tarde, si se tiene en cuenta el día interminable que sufrió soportando los episodios continuos de dolor que no la dejaban vivir en paz. Los medicamentos recetados para tratarlos ya no surtían prácticamente ningún efecto. Posiblemente a la semana siguiente empezarían de nuevo con la quimioterapia, que en esta precisa etapa de su existencia era quizás el único recurso disponible para mejorar su salud significativamente, sin olvidar algo primordial a lo que siempre nos volvemos cuando todo lo demás falla: Dios y la fe en él. No puedo negar que muchas veces mi fe se quebrantaba, pero trataba de seguir adelante. Sin embargo, dudaba en ocasiones de un Dios que dejaba sufrir a la humanidad a su antojo. ¿Cómo era posible entonces que existiera, cuando estaba a punto de perder lo más valioso de mi vida? Me dolía, para qué negarlo. Un sentimiento genuino no se hunde bajo los terribles embates del tiempo, ni de la vida. Sobrevive, menospreciando todos los argumentos en contra.
Quise alejar de mi mente todo lo negativo y triste que pudiese mermar el espíritu de lucha y de esperanza que latía dentro de mi ser, a pesar del panorama gris que se cernía sobre nuestras cabezas, por lo que me dediqué a observar atentamente la figura frágil y enferma de mamá postrada en la cama. Inconscientemente, mi corazón se remontó al lejano pasado, reviviendo momentos hermosos al lado de mi madre. En ocasiones recordamos lo que nuestra mente se niega a olvidar, y desterramos lo que necesitamos sentir de nuevo. Paradojas indescifrables del ser humano. Queremos experimentar solamente el presente, despreciando insensiblemente el pasado que nos trajo hasta aquí.
Volviendo mis pensamientos al presente, no pude evitar el sentirme triste, desconsolado en cierta manera. No podía hacer nada. Mis manos estaban atadas completamente, y no era para menos. La muerte acechaba implacablemente, en espera de caer sobre su presa, y desgraciadamente, mami, como cariñosamente la llamamos sus hijos desde el día que nacimos y tuvimos la facultad de hablar, lucía indefensa ante mí.
Creemos que lo que le sucede al vecino no nos acontecerá a nosotros.
Nos necesitan más que nunca, y cuantas veces nos enfrascamos en tontas discusiones, entre la misma familia, sobre qué hacer con la persona marcada por la enfermedad, tratamientos a seguir, médicos apropiados para tratarla, el hospital más idóneo o conveniente. También nos sumergimos en polémicas estériles sobre la cuestión monetaria. Aunque debo admitir, desgraciadamente, que es un punto importante, demasiado, cuando se está pensando en un tratamiento a largo plazo. El dinero todo lo compra, aunque en la gran mayoría de los casos no retiene la vida; sólo la mejora ligeramente hasta el segundo final. Si vas a sufrir mucho, entonces sufres menos, gracias a los últimos adelantos en drogas anticancerosas o de cualquier tipo. La vida es extraña. Cuantas cosas pasan por la mente de uno en situaciones de esta índole. Mientras mamá dormía ya plácidamente, la historia de nuestras vidas entrelazadas pasaba en frente mío como una vieja película llena de nostalgia, y no pude evitar rememorar el ayer. No he sido el mejor hijo del mundo; lo reconozco, pero trato de serlo ahora, aunque todos piensen que es tarde. Nunca es tarde si la dicha es buena, según he oído en varias ocasiones. Una gran verdad.
Recordé el pasado que se va y no vuelve, aquellos momentos en que fui niño, adolescente, y al final hombre. Esos instantes que forjan tu carácter como un martillo chocando violentamente contra el yunque de nuestro espíritu; instantes que nunca volverán, pero que nos forman desde el principio mismo del nacimiento, acto maravilloso que nos une para toda la eternidad con nuestra madre. Tu madre; mi madre. Palabra hermosa, sencilla a la vez, pero que encierra toda una gama de sensaciones y experiencias enriquecedoras.
A la misma vez, recordé, aunque difícilmente, paisajes en el tiempo que creía olvidados, y que cambiaron el derrotero de mi existencia para siempre. Sucesos que en ocasiones destruyeron el concepto ficticio e iluso que yo tenía sobre los demás. En otras palabras, supe que el mundo como me enseñaron desde pequeño, un universo lleno de bondad y amor, no existía más que en la mente calenturienta y fantasiosa de algún escritor de segunda clase. Hicieron nacer en mi persona la decepción hacia todos que llevo como una pesada carga de la que no he podido librarme todavía. Presiento que me acompañará hasta la muerte. Quizás. No creo ya en la humanidad, que te golpea inmisericordemente cuando no lo esperas, tus ilusiones se encuentran a flor de piel, y tu alma suspira encandilada por un tierno beso de amor.
Dicen que cuando uno sufre, y llora, todo te hace sentir. Es cierto, muy cierto. Por eso, viendo hacia la cama contigua a mí, empecé entonces a sentir mi pasado, y como era que había llegado hasta ahí a pesar de todo, al lado de ella, de la mujer que me dio el ser, en esa melancólica y amarga noche de octubre.
Reflexión: Tenemos que aprender a vivir el presente, el hoy, junto a nuestros seres amados. No dejemos por favor para mañana el decirle a esa persona te amo, o perdóname. Quizás sea muy tarde para entonces, y ya no estemos para hacerlo, o viceversa.
Meses después la perdí, y fue mi peor momento, el que nunca deberíamos sufrir, pero que irremediablemente nos llega a cada ser humano, y duele muchísimo.
Pero como le dije en su habitación un día, y recuerdo ahora, si mueres, nos volveremos a encontrar en un sitio mejor.
“El dolor de perderte es inmenso. Sublime es la alegría de saber, que algún día no muy lejano, volveremos a encontrarnos en un sitio mejor”.
Esta dedicatoria está plasmada en su lápida, donde descansa su cuerpo mortal.
Su espíritu está en un sitio mejor. Algún día nos volveremos a ver.
Gracias mami, por todo tu amor…

(El Dolor de Perderte— extracto de una historia real, que tocó mi alma y corazón, y que en su momento destruyó mi ilusión de vivir. Es un trabajo en proceso que espero culminar en los próximos meses si Dios lo permite. Cualquier reproducción, total o parcial, de este contenido, está terminantemente prohibido sin la debida autorización del autor. @Derechos reservados Peter R. Vergara Ramírez)

Biografía del autor.
Peter R. Vergara Ramírez, nacido en New York, pero residente desde 1967 en Manatí, Puerto Rico. Posee un Bachillerato en Justicia Criminal, y prosigue estudios, actualmente, conducentes a una Maestría en la misma rama en la UNE de Barceloneta. Autor de seis trabajos literarios ya publicados en Amazon.
Desde pequeño soñaba con adentrarse en la rama de la psiquiatría, pero por circunstancias de la vida tuvo que comenzar a laborar a temprana edad, frustrando sus sueños de ser un médico reconocido en el campo de la conducta humana.
Cuando su madre enferma de cáncer del pulmón en el 2000, y mientras es tratada por tan aciaga enfermedad en Estados Unidos, es que siente en su interior el deseo ferviente de escribir, de plasmar por escrito lo que estaba sintiendo en esos momentos tan tristes, y ahí es que nace Susurros Mortales 1, El Comienzo, su primera novela publicada en Estados Unidos. Luego vendría su segunda novela, Susurros Mortales 2, Ángel de Piedad, publicada en septiembre del 2016.
Actualmente se encuentra desarrollando la tercera parte de la saga Susurros Mortales, la que espera publicar próximamente una vez culmine la publicación de las dos primeras partes, todas en español. Fueron noches sin dormir, amaneceres pegado a la pantalla de mi laptop, días en que surgieron en muchas ocasiones el famoso bloqueo del escritor, en el que, aunque deseemos seguir escribiendo, la mente, el corazón, y también la inspiración, se esconden en la cueva oscura del vacío mental, y es en estos momentos cuando descubrimos, sacamos, esa fortaleza para seguir adelante y culminar nuestra obra. Todos mis trabajos literarios se encuentran en formato digital e impreso en Amazon, alrededor del mundo. Actualmente casado con Lynette Martínez, una mujer maravillosa que es la luz de su vida. Residen en Manatí, Puerto Rico.
Trabajos literarios:
1. Susurros Mortales, el comienzo. 2016
2. Susurros Mortales en el Viento, Ángel de Piedad. 2016
3. Al Final del Abismo. 2016
4. Tu Peor Enemigo Siempre Serás Tú (Motivación 1) 2016
5. Tiempo de Hacer las Paces con mis Demonios (Motivación 2) 2016
6. Adiós a mis Miedos (Motivación 3) 2016
7. Obsesión Mortal (febrero 2017)
8. Deadly Whispers (enero 2017)
Página de autor en Amazon: http://amazon.com/author/petervergararamirez
Twitter: http://twitter.com/vergrampeter Facebook: http://facebook.com/pvergararamirez
Página web: http://vergram.website Correo electrónico: peter@petervergara.com

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Susurros Mortales, el origen de mi primera novela

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales Recordando, pues siempre es bueno hacerlo, sean positivas o negativas las memorias que ello encierra, no pude evitar el rememorar esos pasos iniciales antes de comenzar a escribir mi primera novela, Susurros Mortales, o Deadly Whispers, como originalmente salió publicada allá por el 2001 en Estados Unidos.

El nacimiento de la saga, que espero concluir para el 2017 una vez haya terminado unos proyectos que están actualmente en proceso, incluyendo una historia que competirá en un prestigioso concurso literario en España. Pero ya eso es otra historia.

Recuerdo que estaba sentado en la sala de mi hogar de Manatí, Puerto Rico, una tarde del verano del 2000, solo, cabizbajo, pensativo, triste por demás, pues en pocos días viajaría a la ciudad de New Haven, Connecticut, para encontrarme con mi madre Elsie, ya diagnosticada con cáncer de pulmón, y en vías de comenzar su tratamiento contra el mismo en el New Haven-Yale Hospital, a pocos pasos de la residencia de mi hermana Yolanda, donde mi madre habitaba en esos momentos.

Pensaba: ¿Qué pasará con mami? ¿Saldrá bien o no? Si ella moría, ¿podría superar ese dolor de perderla? Yo adoraba a mi madre, en ocasiones difícil de tratar, pero luchadora y amorosa con sus hijos, y con una voluntad inquebrantable para seguir adelante a pesar de las circunstancias. No era quizás una madre perfecta, pero para nosotros lo era. Y no quería dejarla abandonada en esos instantes cuando más nos necesitaba. Por eso viajaba hacia New Haven, para cuidarla y acompañarla.

Mientras mi alma y corazón volaban hacia ella y su enfermedad en esa tarde, también pensé en que yo no tenía nada en mi vida en ese momento que me permitiera aportar, aunque fuera poco al tratamiento y recuperación posterior de mi querida madre. Me encontraba desempleado, sin un centavo en los bolsillos, y desilusionado con el giro que mi existencia había tomado en los últimos tiempos. En pocas palabras, con un down o depresión terrible, a punto de tomar una decisión irremediable, pues ya el mundo bonito como yo anhelaba desde niño, ya no tenía sentido para mí. Nada me alegraba, nada me rescataba del abismo oscuro en que estaba sumergido hasta el fondo. Había perdido mis sueños, mis metas, mis deseos de ser alguien, de sobresalir, de poder dejar un legado para generaciones futuras, en fin, de muchas cosas que se perdieron en el camino, y que nunca recuperaría.

Entonces, para ahuyentar todos esos demonios, y no pensar más en ellos, reparé en una pequeña libreta de apuntes que se encontraba en una mesa al lado mío, y la tomé.

La abrí, y me dije:

—Voy a escribir algo.

¿Pero qué?

—Una novela.

¿Y cómo diablos, si nunca lo había hecho?

Pero comencé, que es lo primero que debe hacer cualquier ser humano si desea superar la vida y sus obstáculos.

Recordé muchos libros leídos, novelas, ensayos; todo. La forma de escribir, desarrollar, personajes, diálogos, contenido importante, la trama y sus vericuetos literarios, en fin, todo de lo que se componía la redacción de un escrito, en este caso, una novela de ficción sobre un asesino en serie y los consiguientes esfuerzos de las fuerzas policiales para atraparlo antes de que siguiera asesinando personas inocentes.

Poco a poco la pensé y le di vida a mi primera novela. En esos primeros días mi mano volaba encima de la libreta de apuntes, escribía, borraba, tachaba, arrancaba la página si no me gustaba, la volvía a escribir, hasta que llegué a New Haven. Allí entonces la desarrollé completamente, estudié la historia de la ciudad, sus lugares históricos, su trayectoria, calles, ausculté libros enteros y artículos de índole policial e investigativa, procedimientos del FBI, ciencias forenses y sus distintas ramas, y lo más importante, el estudio de los asesinos en serie y sus categorías, los motivos por los que asesinaban, su modus operandi, sus trofeos, sus personalidades, y también la criminología y criminalística de laboratorio y de campo en las escenas criminales. Muchas cosas de las que me tuve que empapar para escribir correctamente y documentar apropiadamente esta novela inicial.

Luego de llegar a un punto culminante, alrededor de la página 140 más o menos, me quedé en blanco. Totalmente. Se me habían acabado las ideas, el teclado de la computadora cogió polvo por su falta de uso. No sabía qué más escribir, cómo continuar.

Así estuve semanas, desorientado, bloqueado, mientras cuidaba a mi madre y la llevaba a sus sesiones de quimioterapia, y veía cómo poco a poco su rostro adquiría color y vida por el tratamiento en sí, y quizás la incipiente esperanza de que al final, mami podría superar el dolor y vivir plenamente o por lo menos a medio pocillo para beneplácito y alegría de todos, situación que un tiempo después descubrimos que no iba a ser posible, cuando su organismo comenzó a rechazar el veneno que le introducían a su cuerpo, y los médicos decidieron descontinuar el tratamiento por la falta de avances en la condición cancerosa de mi madre.

Una tarde, regresando a la casa de mi hermana, subí a mi cuarto a dormir un rato.

Al tirarme en la cama cerré mis ojos.

Visualicé la novela enteramente. Principio, contenido y final, los capítulos que restaban, y el final. En cuestión de cinco minutos, sinceramente, en mi imaginación, que salió a rescatarme cuando ya no albergaba la esperanza de poder culminar el proyecto favorablemente. Increíble, pero cierto.

Abrí mis ojos, me levanté de la cama, y corrí hacia la computadora. Empecé a escribir como loco, aprovechando esa oleada de ideas que asaltaron mi mente, y a los pocos días la terminé. La revisé, la corregí, volví a cambiarle muchas escenas y diálogos, y la sometí a un par de editoriales en Estados Unidos, donde semanas después recibí la notificación de parte de una de ellas de que estaban interesados para publicarla, por lo que decidimos presentarla en inglés, labor titánica en la que mi hermana Yolanda tuvo la encomienda de traducirla completamente con excelencia, y luego comenzar el arduo proceso de revisión de contexto literario y preparación para imprimirlo meses después en el 2001, poco antes de mi madre fallecer, y dejarme destrozado al igual que al resto de la familia.

No tengo que explicar la alegría inmensa que sentí al recibir la aprobación y luego contrato con la editorial, y el sentimiento inconfundible que acompaña a cualquier ser humano cuando es bendecido por Dios. Una sensación de bienestar y felicidad que arropa tu cuerpo de la cabeza a los pies, y que te hace flotar por las nubes.

Perdí a mi madre meses después, y aún me duele el recordarlo, muchísimo, pero siempre he pensado que cuando perdemos algo en nuestras vidas, una bendición y una puerta se abren un poquito más adelante para compensarnos por ese dolor. Compensarnos, no olvidarlo, pues cuando se quiere de verdad, especialmente a una madre que lo dio todo por su familia, eso no se puede enterrar en un rincón lejano de nuestra mente o corazón. Es un sentimiento hermoso que nos acompañará hasta que muramos y nos volvamos a encontrar en un lugar mejor. Por lo menos, eso espero, encontrarnos de nuevo, y para siempre.

Esta fue la breve historia del nacimiento de la saga de Susurros Mortales, que sé es excelente en su historia, y que dio comienzo a mi inquietud de llegar al mundo entero con mis escritos, y dejar mi hermoso legado para generaciones presentes y futuras. Mi destino ya está trazado de antemano por Dios, y las bendiciones que restan vienen en camino.

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#26 en Amazon categoría Horror 6 diciembre 2016 Susurros Mortales

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El Rompecorazones es el rey; Stacey, el peón. 

Stephi Loggins, única hermana de Stacey, desaparece. El Rompecorazones ha retado a Stacey. Tiene exactamente siete días para descifrar el misterio de todos estos asesinatos. Si al final de este juego Stacey puede susurrarle al asesino en su oído su nombre verdadero, Stephi vivirá.

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El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales

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Recuerdo que estaba sentado en la sala de mi hogar de Manatí, Puerto Rico, una tarde del verano del 2000, solo, cabizbajo, pensativo, triste por demás, pues en pocos días viajaría a la ciudad de New Haven, Connecticut, para encontrarme con mi madre Elsie, ya diagnosticada con cáncer de pulmón, y en vías de comenzar su tratamiento contra el mismo en el New Haven-Yale Hospital, a pocos pasos de la residencia de mi hermana Yolanda, donde mi madre habitaba en esos momentos.

Pensaba: ¿Qué pasará con mami? ¿Saldrá bien o no? Si ella moría, ¿podría superar ese dolor de perderla? Yo adoraba a mi madre, en ocasiones difícil de tratar, pero luchadora y amorosa con sus hijos, y con una voluntad inquebrantable para seguir adelante a pesar de las circunstancias. No era quizás una madre perfecta, pero para nosotros lo era. Y no quería dejarla abandonada en esos instantes cuando más nos necesitaba. Por eso viajaba hacia New Haven, para cuidarla y acompañarla.

Mientras mi alma y corazón volaban hacia ella y su enfermedad en esa tarde, también pensé en que yo no tenía nada en mi vida en ese momento que me permitiera aportar, aunque fuera poco al tratamiento y recuperación posterior de mi querida madre. Me encontraba desempleado, sin un centavo en los bolsillos, y desilusionado con el giro que mi existencia había tomado en los últimos tiempos. En pocas palabras, con un down o depresión terrible, a punto de tomar una decisión irremediable, pues ya el mundo bonito como yo anhelaba desde niño, ya no tenía sentido para mí. Nada me alegraba, nada me rescataba del abismo oscuro en que estaba sumergido hasta el fondo. Había perdido mis sueños, mis metas, mis deseos de ser alguien, de sobresalir, de poder dejar un legado para generaciones futuras, en fin, de muchas cosas que se perdieron en el camino, y que nunca recuperaría.

Entonces, para ahuyentar todos esos demonios, y no pensar más en ellos, reparé en una pequeña libreta de apuntes que se encontraba en una mesa al lado mío, y la tomé.

La abrí, y me dije:

—Voy a escribir algo.

¿Pero qué?

—Una novela.

¿Y cómo diablos, si nunca lo había hecho?

Pero comencé, que es lo primero que debe hacer cualquier ser humano si desea superar la vida y sus obstáculos.

Recordé muchos libros leídos, novelas, ensayos; todo. La forma de escribir, desarrollar, personajes, diálogos, contenido importante, la trama y sus vericuetos literarios, en fin, todo de lo que se componía la redacción de un escrito, en este caso, una novela de ficción sobre un asesino en serie y los consiguientes esfuerzos de las fuerzas policiales para atraparlo antes de que siguiera asesinando personas inocentes.

Poco a poco la pensé y le di vida a mi primera novela. En esos primeros días mi mano volaba encima de la libreta de apuntes, escribía, borraba, tachaba, arrancaba la página si no me gustaba, la volvía a escribir, hasta que llegué a New Haven. Allí entonces la desarrollé completamente, estudié la historia de la ciudad, sus lugares históricos, su trayectoria, calles, ausculté libros enteros y artículos de índole policial e investigativa, procedimientos del FBI, ciencias forenses y sus distintas ramas, y lo más importante, el estudio de los asesinos en serie y sus categorías, los motivos por los que asesinaban, su modus operandi, sus trofeos, sus personalidades, y también la criminología y criminalística de laboratorio y de campo en las escenas criminales. Muchas cosas de las que me tuve que empapar para escribir correctamente y documentar apropiadamente esta novela inicial.

Luego de llegar a un punto culminante, alrededor de la página 140 más o menos, me quedé en blanco. Totalmente. Se me habían acabado las ideas, el teclado de la computadora cogió polvo por su falta de uso. No sabía qué más escribir, cómo continuar.

Así estuve semanas, desorientado, bloqueado, mientras cuidaba a mi madre y la llevaba a sus sesiones de quimioterapia, y veía cómo poco a poco su rostro adquiría color y vida por el tratamiento en sí, y quizás la incipiente esperanza de que al final, mami podría superar el dolor y vivir plenamente o por lo menos a medio pocillo para beneplácito y alegría de todos, situación que un tiempo después descubrimos que no iba a ser posible, cuando su organismo comenzó a rechazar el veneno que le introducían a su cuerpo, y los médicos decidieron descontinuar el tratamiento por la falta de avances en la condición cancerosa de mi madre.

Una tarde, regresando a la casa de mi hermana, subí a mi cuarto a dormir un rato.

Al tirarme en la cama cerré mis ojos.

Visualicé la novela enteramente. Principio, contenido y final, los capítulos que restaban, y el final. En cuestión de cinco minutos, sinceramente, en mi imaginación, que salió a rescatarme cuando ya no albergaba la esperanza de poder culminar el proyecto favorablemente. Increíble, pero cierto.

Abrí mis ojos, me levanté de la cama, y corrí hacia la computadora. Empecé a escribir como loco, aprovechando esa oleada de ideas que asaltaron mi mente, y a los pocos días la terminé. La revisé, la corregí, volví a cambiarle muchas escenas y diálogos, y la sometí a un par de editoriales en Estados Unidos, donde semanas después recibí la notificación de parte de una de ellas de que estaban interesados para publicarla, por lo que decidimos presentarla en inglés, labor titánica en la que mi hermana Yolanda tuvo la encomienda de traducirla completamente con excelencia, y luego comenzar el arduo proceso de revisión de contexto literario y preparación para imprimirlo meses después en el 2001, poco antes de mi madre fallecer, y dejarme destrozado al igual que al resto de la familia.

No tengo que explicar la alegría inmensa que sentí al recibir la aprobación y luego contrato con la editorial, y el sentimiento inconfundible que acompaña a cualquier ser humano cuando es bendecido por Dios. Una sensación de bienestar y felicidad que arropa tu cuerpo de la cabeza a los pies, y que te hace flotar por las nubes.

Perdí a mi madre meses después, y aún me duele el recordarlo, muchísimo, pero siempre he pensado que cuando perdemos algo en nuestras vidas, una bendición y una puerta se abren un poquito más adelante para compensarnos por ese dolor. Compensarnos, no olvidarlo, pues cuando se quiere de verdad, especialmente a una madre que lo dio todo por su familia, eso no se puede enterrar en un rincón lejano de nuestra mente o corazón. Es un sentimiento hermoso que nos acompañará hasta que muramos y nos volvamos a encontrar en un lugar mejor. Por lo menos, eso espero, encontrarnos de nuevo, y para siempre.

Esta fue la breve historia del nacimiento de la saga de Susurros Mortales, que sé es excelente en su historia, y que dio comienzo a mi inquietud de llegar al mundo entero con mis escritos, y dejar mi hermoso legado para generaciones presentes y futuras. Mi destino ya está trazado de antemano por Dios, y las bendiciones que restan vienen en camino.

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Mi primera novela en inglés regresa a Amazon. Pronto brindaré detalles sobre el relanzamiento y su mercadeo a nivel mundial.