Susurros Mortales, el comienzo del terror, a la venta en Amazon en papel o ebook

La pesadilla de una adolescente en una noche de invierno. Sus dos amigas, brutalmente asesinadas, arrancados sus corazones. El asesino, persiguiéndola a través de la casa. Una promesa; un susurro mortal detrás de la puerta del baño: “Regresaré por ti.”

Veinte años después, una serie de brutales asesinatos sacuden la ciudad de New Haven, Connecticut. Todas las víctimas, mujeres jóvenes y profesionales, son halladas muertas, sin corazón.

La agente especial del FBI, Stacey Loggins, una de las mejores en la caza de asesinos en serie de los Estados Unidos, está en la búsqueda de este monstruo, un sanguinario ser que conoce cada movida de la agente federal, y quien la reta a un juego mortal.

El Rompecorazones es el rey; Stacey, el peón.

Stephi Loggins, única hermana de Stacey, desaparece. El Rompecorazones ha retado a Stacey. Tiene exactamente siete días para descifrar el misterio de todos estos asesinatos. Si al final de este juego Stacey puede susurrarle al asesino en su oído su nombre verdadero, Stephi vivirá.

Si se equivoca…

Comienza el juego. El tiempo se acaba, y solamente uno de ellos ganará… http://rxe.me/R212CA

Tinieblas, de Wilfredo Morell Arocho, disponible en Amazon

¡Un debut de terror puro! El escritor puertorriqueño Wilfredo Morell Arocho con su primer libro, Tinieblas, un compendio de 32 relatos que te harán estremecer de miedo. ¡No dejes pasar esta oportunidad para conseguir este primer libro, de muchos, que dejarán huella en el mundo literario! Tinieblas: no te podrás esconder cuando el terror invada tu cuerpo… (Spanish Edition) CreateSpace Independent Publishing Platform US$9.99 ebook $2.99 disponible en Amazon Tinieblas: no te podrás esconder cuando el terror invada tu cuerpo… (Spanish Edition) https://www.amazon.com/dp/1973904756/ref=cm_sw_r_cp_api_jp-UzbGT50019

Recuerdos Implacables #historiasdemiedo #vergrampeter

Recuerdos Implacables


—¿Quién demonios eres?
La persona no dijo nada. Sonreía burlonamente. En sus negros ojos como la noche únicamente veía la sombra de la muerte.
—¡Háblame, maldita sea!
Se movió hacia mí, lentamente, como si disfrutara con mi angustia.
Sentí mucho miedo. Apenas podía moverme; mucho menos reaccionar. Llegó hasta mi altura, y posó su siniestra mirada en mis atadas manos a la silla. Jamás estuve tan indefenso.
—¿Acaso no adivinas quién soy, maldito infeliz? Su cara y su voz despertaron recuerdos de un lejano pasado; uno que siempre quise olvidar.
Desesperadamente busqué en mis memorias sobre esa etapa de mi existencia.
La luz se hizo de pronto en mis recuerdos.
Pero ya era tarde para mí.
La acerada hoja de un cuchillo avanzaba rápidamente hacia mi cuerpo.
Ya no pude pensar en nada más…
Horas antes…
Mi rostro reflejaba el disgusto que sentía esa noche. Una copiosa lluvia, que amenazaba convertirse en inundaciones en las siguientes horas, no mejoraba ciertamente mi estado de ánimo.
No fue sencillo levantarme de mi cómoda cama una hora antes para asistir a trabajar en ese turno asignado de 11 a 7 de la mañana, y si a esto le sumaba que mi otro compañero, irresponsable como siempre, no había asistido, estaba como quien dice, de un humor de perros que ni yo mismo soportaba.
No me quejaba. En mi pueblo existía un desempleo increíble. Podía sentirme feliz de contar con un empleo que al menos cubría parte de mis necesidades.
No eran muchas, pues vivía solo, a escasas millas de mi lugar de trabajo, un gigantesco complejo deportivo gubernamental, donde los amantes de los ejercicios y la buena salud asistían diariamente hasta las 9 de la noche, hora en que cerrábamos los portones de la entrada, y dos guardias se quedaban prestando vigilancia hasta el relevo de otros compañeros al día siguiente.
Ya no era joven. Rondaba los cincuenta años, y tampoco me sentía tan ágil como en mi juventud, lógicamente. Si a eso añadía que estaba pasado de peso en un cuerpo que apenas levantaba seis pies del suelo, y una cabeza desprovista de cabello pues el panorama no era muy halagador. Terminé de redactar el informe y me levanté de la silla, dispuesto a realizar una ronda inicial por el complejo deportivo.
Me subí a la patrulla asignada para esta labor. Encendí el motor. Comencé a desplazarme por la ancha avenida que circunvalaba el parque.
La lluvia que caía no me permitía ver bien. Pero debía continuar y vigilar la dependencia lo mejor posible esa noche.
De pronto me detuve. Apagué el vehículo. Había escuchado algo.
Me hallaba en la parte más alejada del complejo deportivo, el que daba hacia los montes cercanos, rodeados por una valla de seguridad. Algunos postes eléctricos no funcionaban, por lo que la visibilidad, y más en esa tormentosa jornada, era escasa.
Una calma total, claro, con la excepción de las ramas de los árboles que se movían violentamente al compás de las ráfagas de lluvia y viento que habían arreciado en los últimos minutos.
Para empeorar las cosas, en esa noche en particular se celebraba la Noche de Brujas, Halloween, y los chicos en las calles andaban haciendo muchas travesuras. Ya el año anterior lo habían hecho.
Volví a escuchar el ruido. Me bajé del vehículo, y me fui acercando lentamente a la valla.
Nada.
Ni un alma.
De repente me volví, asustado.
Alguien se encontraba detrás de mí.
Respiré, profundamente aliviado.
    ¿Qué haces aquí? Todavía no entras al turno hasta más tarde.
    Estaba por las cercanías, y aproveché para venir a acompañarte. Sé que tu compañero no asistió a trabajar.
    Ya sabes lo irresponsable que es. Gracias por venir.
    Es un placer – respondió enigmáticamente-. La noche apenas comienza.
    Ni me lo digas. Le di la espalda por un instante.
Fue suficiente para mi acompañante. Me golpeó brutalmente con un objeto, y caí pesadamente al suelo.
    Como dije anteriormente, la noche apenas comienza.
Una hora más tarde…
Vi como la hoja de metal se acercaba rápidamente a mi cuerpo, pero en el último segundo se detuvo. Michelle, mi compañera de trabajo admitida recientemente, me observaba como a un bicho raro.
La hermosa joven de ojos verdes y escultural cuerpo me tenía amarrado a una silla en mi oficina.
El miedo agarrotaba mi cuerpo. No entendía nada. Apenas pude decir:
    ¿Por qué? ¿Quién eres?
    Soy alguien de tu pasado. Nací de una violación en una noche como esta, Halloween. Mi madre no pudo soportar más su vida, y se suicidó, no sin antes confesarme el nombre del infeliz que la desgració. ¿Adivinas quién soy?
    ¿Eres mi hija? Comencé a llorar amargamente. Había cometido un error en mi juventud que siempre me atormentó, y ahora estaba aquí, enfrente mío, para cobrarse la deuda.
    Bingo. Soy tu hija. De nada te valdrá saberlo. Vas a morir. Se lo juré a mi madre antes de fallecer. Investigué cómo encontrarte, logré me admitieran a trabajar contigo, y ya ves.
    Ya veo.
    No, no puedes ver. Nunca supiste el daño que le causaste a mi linda madre, y todo el sufrimiento que arrastró durante todos estos años. Pero nada, no pienso hablar más. Estás a mi disposición, y voy a matarte para que no sigas haciendo daño a los demás.
Atado a esa silla, indefenso ante mi hija y la vida, dejé de sentir miedo. Era hora de pagar por mis errores del pasado, los que siempre atormentaron mi espíritu a través de todo ese tiempo. Miré dulcemente a Michelle, mi hija. Una hermosa joven cegada por el deseo de venganza.
    Dios te bendiga hija.
Cerré mis ojos suavemente. Me rendí. Sentí una paz inmensa. Había cometido errores, lo aceptaba. Ahora era el momento de partir. Iba a morir, pero si con eso expiaba parte de mis pecados en este mundo lo aceptaba.
Una solitaria lágrima se escapó a través de mis cerrados ojos.
Segundos después, la vida terminó para mí.
Ya no sentiría más miedo. Estaba en paz…
Peter R. Vergara Ramírez
Autor
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