Perder la vida

“Perder la vida sin vivirla, es como desperdiciar el regalo más hermoso que Dios nos pudo haber concedido”. Peter Vergara

Estúpidamente

“Me enamoré de ti al verte por primera vez, estúpidamente, pero inteligentemente descubrí a tiempo que no valías ni una lágrima de mi corazón…”

¿Lunes?

¿Lunes? Otro día más que iré perdiendo en la cuenta de la vida por no tener mis sueños, ya amarrados, a mi deseo de seguir luchando…

La vida sigue ganando

“Hoy me levanté con deseos de vapulear a la vida. Por la noche me acosté, derrotado otra vez por ella por no haber aprendido nada de mis errores anteriores”.

Tan corta la vida…

“Tan corta la vida, y yo perdiéndola un poco más cada día por no saber vivir en ella”.

Estoy cansado…

“Cansado de caminar por un sendero que jamás, creo, me conducirá hacia la esperanza de saber que quizás algún día te dignes a amarme”.

Triste corazón…

“Cuando en mis noches de inmensa soledad miro al cielo, me pregunto, otra vez, si algún día alguna estrella fugaz alegrará el triste corazón de un pecho, que cruelmente fue abandonado a la deriva por ti”.

Si yo tuviera el poder…

“Si yo tuviera el poder de regresar a mis errores del pasado, posiblemente los dejaría así, porque fue gracias a uno de ellos que te conocí, y aprendí a amar esa nueva oportunidad de vivir de verdad.”

Desaparecer

A veces hay que detenerse en la veloz carrera de nuestra existencia, desaparecer un tiempo para reordenar nuestra vida, y volver con una nueva visión y deseo de lograr lo que no pudimos antes…

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Mi principal razón de vivir es la misma que la tuya, así que no somos distintos, ¿no crees? Somos iguales, aunque te duela aceptarlo

Me gusta este título. ¿Sabes por qué? Porque tú y yo no somos distintos en nada. Es cierto, lo admito, que no somos quizás de la misma raza, o la misma estatura, edad, peso, religión, género y todas esas cosas que nos identifican y en muchas ocasiones nos separan del resto de los mortales. A lo mejor hasta somos de partidos políticos diferentes, con lo que eso implica en la actualidad, que somos un país conformista gobernado por ineptos que ni siquiera aprendieron a comprender las reales necesidades de un pueblo que confía mucho y recibe poco de sus candidatos favoritos, a no ser 4 años de mediocridad y corrupción en todos sus niveles gubernamentales.
Posiblemente, y para olvidarnos de tan escabroso tema, el político, seas hasta más agraciado físicamente que yo, aunque creo que ya a mi edad, y con tantos achaques cualquiera lo es, y hasta muchísimo más inteligente, educado, todo eso que nos diferencia desde niños de los demás, levantando luego en el transcurso de los años murallas infranqueables que en su momento nos etiquetan y no nos deja vivir a plenitud como nos corresponde por derecho. Es por eso que lo que aprendemos en la niñez nos marca como adultos hasta la muerte. Perro viejo no aprende trucos, como dice un refrán por ahí, y luego de adquirir malas costumbres, es casi imposible soltarlos, claro, si no lo queremos hacer. Es más sencillo vivir con lo malo conocido que lo bueno por conocer, otro dicho muy popular en mi tierra.
Hacemos las mismas cosas con ciertas diferencias, pero las hacemos, y lo que tú piensas sobre algo, quizás, y digo quizás, sea lo mismo que yo pienso, pero ni yo lo acepto, ni tú lo admites. ¿Sabes por qué? Porque seres humanos al fin, metemos la pata hasta el fondo, y aun así tercamente nos aferramos a nuestros erróneos conceptos de lo que debe y no puede ser, como nos inculcaron desde chiquitos, y nos siguen repitiendo ahora que estamos viejos. Porque la vida es eso, se compone de siempre estar aprendiendo y cometiendo errores, pues no existiría eso que llaman razón de ser, que es lo que le brinda sentido a nuestra maltrecha existencia incluso en los momentos amargos que ineludiblemente se asoman en nuestro camino.
Este artículo se llama así por una sencilla razón. Trata de adivinar. Ya sé que no eres adivino ni nada por el estilo, ni eres un gitano que lees las cartas o la palma de la mano, pero eres una persona, y si te detuviste un instante, que es lo que dura en el concepto de tu vida leer estas palabras, es que te sentiste tentado a hacerlo, y, por lo tanto, te agradezco lo hayas hecho, porque te voy a decir algo que yo sé que tú sabes, consciente o inconscientemente, y es lo siguiente:
Yo vivo porque vivo, porque nací, me trajeron al mundo a chillar como bebé al nacer, patalear como chiquillo rabioso al crecer, llorar mis primeros amores no correspondidos al desarrollarme como joven, gritar como loco al salir de la secundaria, ruborizarme y emocionarme al momento de casarme (antes de arrepentirme), y brincar hasta el techo cuando la mujer me dice que voy a ser padre por primera vez.
Eso sin incluir la alegría del primer trabajo, el primer cheque ganado con el sudor de mi frente, la primera pelea seria con mi pareja, el dormir en casa de mis padres cuando me sacan a patadas de mi hipotecado hogar que apenas puedo pagar mensualmente, luego de una feroz bronca con la mujer, y un sinfín de cosas más que si continúo se hará eterna y no terminaremos.
A mí me brinda inmensa alegría las cosas buenas cuando suceden, y tristeza las situaciones que no puedo evitar, como te ocurre a ti, y también lloro amargamente cuando se muere el perrito, el gato, la iguana, y mucho más cuando alguien cercano, un familiar, el amigo entrañable, el conocido, vecino, un compañero de trabajo, en fin, cualquiera relacionado a mí, porque soy humano, de carne y hueso, con sentimientos, con dudas y temores, con miedo a equivocarme una vez más, con pánico de no saber hacer lo correcto la próxima vez, con todo eso que envuelve mi bagaje físico y emocional, con todo eso es que sé que tengo que seguir, porque a pesar de que la vida me maltrate, me destroce, me haga caer de rodillas, me derrote momentáneamente, me humille hasta el fondo de mi corazón, yo sé, y tú también, que sí somos iguales, si nuestra razón de vivir es vivir a plenitud porque solamente tenemos una vida para hacerlo, y me disculpan tanta redundancia pero esto hay que escribirlo y sentirlo así, si somos iguales aunque distintos, tenemos algo, muy pequeño y grande a la vez, que se encuentra dentro de nosotros, que lucha desde hace años por salir, por aflorar a la superficie, y que nosotros en nuestra suprema negación de lo que es realmente bueno para nuestra existencia, lo rechazamos tajantemente.
Imagino que ya ahora sabes a lo que me refiero. Es nuestro, y digo nuestro, porque ambos lo tenemos: el orgullo. Pero no el orgullo que confiere la arrogancia, o la prepotencia del ser humano cuando se cree la última Coca Cola del desierto.
No, nada de eso. Es el orgullo con el que nacemos, el bueno, el puro, el que sentimos cuando hacemos algo bien, o el que nos impele a luchar cuando la vida te pone contra la pared y nos negamos a dejarnos vencer así porque sí, sin presentar la batalla campal que debemos pelear para al menos morir con las botas puestas.
Este es el orgullo que a ti, y a mí, nos hace iguales en el papel, porque yo me niego, te repito, a pesar de los golpes, palizas, maltratos, humillaciones, vejaciones, malos ratos, desesperación, frustración, deseos de morir, ganas de abandonar todo, este orgullo es el que sale de mi pecho, que renace en mí, que me ofrece un nuevo panorama para seguir adelante y superar la adversidad, este es el orgullo que me levanta cada mañana, que me obliga, si, así mismo, me obliga a levantar la mirada y nunca bajarla ante nada ni ante nadie, porque ningún ser humano es mejor o peor que yo. Somos iguales, aunque seamos distintos, pero ante los ojos de Dios y de los hombres, tu y yo somos, y seremos iguales, porque el que no se rinde ante la vida, ni llora su derrota, y que se levanta día a día para afrontar con una sonrisa su existencia, es, y será mi igual, porque tampoco yo me rindo ni claudico mi yo por un simple traspiés, porque de eso se compone el mundo y la vida, de ponernos zancadillas a lo largo del camino para que tropecemos y caigamos de bruces, pero como somos iguales, aunque diferentes, ya ambos sabemos que nuestra victoria está a un pasito adelante de ese tremendo tropezón que nos dimos durante la travesía. Te me cuidas mucho, y ya lo sabes. Nunca te rindas, porque ya sabemos que somos iguales, y al serlo, somos valientes indomables que jamás serán abatidos.
Nunca permitas que otras personas gobiernen tu vida, ni tampoco que las situaciones tristes y dolorosas de tu pasado, o del hoy, te limiten una vida plena en el mañana. Como seres humanos libres y en búsqueda siempre perenne de la felicidad, no podemos permitirnos el lujo de que esos temores que están arraigados en nuestros corazones, y que paralizan nuestras vidas, nos detengan en nuestro camino hacia una existencia plena de bienestar y felicidad. Así como tampoco debemos admitir que no tenemos derechos a ser igual que los otros. Solamente vivimos una vez. ¿Por qué permitir que otros vivan nuestra vida, cuando aún tenemos un universo hermoso que conocer? 
Eres tu peor enemigo es una mini-guía, y un pequeño extracto de unas pocas, no todas, experiencias en mi vida, que me ayudaron a superarme a mí mismo, en aras de lograr esos sueños que en su momento creí inalcanzables. 
No permitas que alguien te diga lo que tienes que hacer; hazlo tú, lo que quieras, cuando quieras, ahora, no mañana, sino ahora, porque tienes todo lo que necesitas en tu interior. 
Cuando aprendas a confiar en tu fortaleza interior, lograrás finalmente alcanzar tu estrella. 
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