El contrato que nunca deberías firmar- Café del Escritor

Deadly Whispers: The Beginning...

Uno de los talleres a los que asistí ayer en Kosmopolis fue el de la abogada Carmenchu Buganza, que llevaba por título “El contrato que nunca deberías firmar”. En él analizamos fragmentos de contratos reales, los derechos que se suelen ceder y las implicaciones de ciertas cláusulas.Soy una de esas personas a las que la jerga legal le provoca urticaria y unas ganas irrefrenables de echar una cabezadita, pero nunca está de más tener unos conocimientos básicos. Así que, en plan pirata del Caribe, le robo el título del taller para comentar los puntos fundamentales que un autor debería tener en cuenta en el momento de firmar un contrato de edición.
Duración del contrato
Como normal general, el contrato de edición tiene una duración máxima de 15 años, más o menos lo que viene a ser la duración media de los matrimonios en España. Vamos, mucho tiempo. En ocasiones, además, se incluyen cláusulas de renovación tácita y automática una vez extinguido el contrato. Como autores hay que valorar si realmente nos interesa casarnos con la editorial hasta que la muerte nos separe…
En el caso de que la editorial quiebre o desaparezca, los derechos revierten al autor, y en el caso de que sea comprada por otra editorial, se suelen traspasar a la nueva editorial.
Derechos de explotación
Los derechos de explotación son aquellos que el autor cede a cambio de dinero. Según la Ley de Propiedad Intelectual son los siguientes:
Reproducción
Distribución

Comunicación pública

Transformación (traducción, adaptación, obra derivada)

Colección

Es importante que estos derechos se mantengan independientes los unos de los otros y, en la medida de lo posible, exigir contratos separados para cada modalidad de explotación.

En un contrato de edición, los derechos que cede el autor son los de reproducción y los de distribución de su obra. En el caso de querer incluir en el contrato la edición digital y online, se debe añadir también el derecho a explotar la comunicación pública.
Hay especificar muy bien qué es lo que se cede en el contrato. La “cesión en exclusiva” significa que se ceden todos los derechos a la editorial y que el autor también queda excluido de ellos.
Remuneración y modalidades de explotación
A cambio de ceder los derechos de reproducción y distribución, el autor recibe unos royalties que habitualmente están alrededor del 10% del PVP para los libros impresos. Es importante especificar la remuneración que corresponde a los diferentes formatos o modalidades de explotación. No es lo mismo un libro electrónico, que un libro impreso o que un audiolibro.
El editor es quien asume los costes de producción y los riesgos comerciales.
Para la edición en papel, el contrato siempre debe especificar el número de ejemplares de la tirada de impresión, las formas de distribución y el plazo de publicación.
Cesión de derechos sobre obras futuras
Las obras que un autor pueda escribir en el futuro no pueden ser nunca objeto del contrato de edición. La Ley de Propiedad Intelectual prohíbe y declara nula la cesión de derechos de obras futuras en el Art. 43. Otra cosa es que se quiera incluir el encargo de una obra.
Derechos de traducción
En el caso de ceder los derechos de traducción, siempre hay que delimitar los idiomas y territorios para los que se cede ese derecho. También hay que valorar la capacidad de la editorial y si actualmente está establecida en los países para los que se están cediendo los derechos. En cualquier caso, la ley prevé que si pasados ciertos años la obra no se ha traducido, los derechos reviertan al autor.
Derechos de adaptación y representación
Los derechos de adaptación no forman parte de un contrato de edición. La industria editorial no opera en el sector audiovisual, de videojuegos, etc… así que no debería asumir estas tareas. Ceder los derechos de adaptación puede limitar los ingresos del autor.
La editorial tampoco debería asumir las tareas del agente literario, representando al autor en el extranjero o frente a otras empresas y editoriales. Eso también tiene un coste y hay que delimitar el porcentaje que corresponde a cada uno.
En definitiva, el contrato editorial que nunca deberías firmar es aquel que no detalla de forma clara cuáles son los derechos que se ceden y en qué condiciones. 
http://www.cafedelescritor.com/el-contrato-editorial-que-nunca-deberias-firmar/

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