Tú me das, yo te doy (tiempos modernos)

Deadly Whispers: The Beginning...

Se preguntarán la razón de nombrar este artículo así. Sencillo. Voy a tocar un tema que a mucha gente no le gusta, y apenas hablas de ello, se van huyendo. Desgraciadamente, en nuestra sociedad llamada moderna, la puertorriqueña, y también en muchos países, vivimos una época en que el interés es el motor principal de las relaciones humanas, y voy a explicar esto.
Antes, y me refiero a las décadas anteriores, existía algo llamado urbanismo, tradiciones familiares, y costumbrismo. Nuestra gente en aquel entonces conocía las buenas maneras, el saludo cordial, el sincero apretón de manos, el abrazo genuino, el compartir de comidas típicas los domingos por la tarde, las largas tertulias en el balcón de la casa, el paseo a pie hasta la plaza de recreo para confraternizar con los vecinos, los viajes a la playa, la jugadita de dominó, la bebelata en el cafetín de la esquina, el paseo nocturno por la calle McKinley, de mi pueblo de Manatí, para observar las vitrinas de las tiendas, la consabida parada en los mantecados chinos después de salir del Teatro Taboas, en fin, muchas cosas que nos identificaron como pueblo, y que ya no encontramos ni buscamos porque la modernidad del Smartphone, Internet, juegos electrónicos y todas esas cosillas nos arroparon hace unos pocos años, y ya para los efectos es casi imposible el volver a nuestras raíces. Lo que se pierde en el camino no lo recuperamos jamás, y las cosas buenas de antaño, menos.
Sigo con el antes, las cosas las hacíamos de corazón, sinceramente, por el sólo hecho de realizar un noble acto, y nuestras familias, digan lo que digan, eran más unidas que en el presente. Tiempo atrás, los miembros de una familia, por las limitaciones de energía eléctrica, transportación, facilidades, compartían en el seno de su hogar amigablemente, y los problemas de uno, eran los problemas de todos, hasta de la comunidad cercana que se unía al asunto sin pedírselo.
Hoy en día, no vemos eso. Las familias raras veces comparten, los niños en sus celulares y las redes sociales, los hombres en el negocio de bebidas viendo juegos de baloncesto de la NBA, las mujeres metidas de cabeza arrancándose los pelos en Facebook y Twitter, y cuando vemos, los niños crecen sin presencia paternal y maternal, y los padres no saben ni lo que significa criar un hijo, envueltos en su mundo de fantasía que al final, les pedirá cuenta.
Hoy vivimos el universo del Tú me das, yo te doy. Puro interés en todas las facetas de la vida. Yo recibo más dinero, trabajo. No estoy diciendo trabajo mejor, sino trabajo, pues esta es la actitud negativa de muchas personas en el presente, devengar salarios sin rendir frutos, y lo mismo aplica a las relaciones familiares, política, iglesia, todo lo que de una u otra forma se relaciona íntimamente con nuestra sociedad.
Ya no damos nada por el solo hecho de dar, sin esperar nada a cambio. Nuestro mundo, desgraciadamente, está lleno de esto, y no va a cambiar; al contrario, empeorará, pues lo bonito del pasado jamás regresará.
La satisfacción que una persona siente cuando da algo sin esperar nada, es incomparable. Es como si diéramos algo de nosotros para hacer un bien, y no nos hace falta que lo agradezcan, pues nos sentimos satisfechos y ya. Bueno, los que hacen todo por interés no, estos son distintos, estos no mueven un dedo si la recompensa no lo vale. Son seres humanos, si se les puede llamar así, que no hacen falta en la vida de nadie.
Volvamos a nuestras raíces, la puertorriqueñidad bonita, la mirada cálida y sincera, el desearle el bien al prójimo, el no envidiarle su última adquisición, ni el hablar a espaldas de los demás por el sólo hecho de tener un poquito más que nosotros. Tampoco peleemos con nuestros vecinos y hermanos por el único hecho de diferir con nosotros en los aspectos sociales, religiosos o políticos. No vale la pena. Es más bonito el ayudar, aunque no creamos en su posición.
Al final, para poder levantar lo poquito que nos queda de nuestras raíces, vamos a necesitarnos todos, sin distinción de ninguna índole.Todos estamos en el mismo bote, y debemos navegar hacia un puerto seguro, sin importar el capitán de la embarcación. Aquí nos olvidamos de colores, todos somos iguales si queremos salvar a nuestro país del olvido de las tradiciones en que se encuentra sumido.
Eso es, si aún tenemos el tiempo para hacerlo.
Depende de nosotros…

Peter R. Vergara Ramírez

Susurros Mortales en el Viento: Ángel de Piedad

Huellas Literarias y Ediciones Vergram es una entidad creada para ayudar al autor con sus obras literarias, publicación en Amazon, B&N, Apple, Kobo y otras plataformas, servicios editoriales o promoción en redes sociales. Estamos para servir e impulsar nuevos talentos literarios que existen en nuestra isla y en otros países y que todavía permanecen en el anonimato por falta de recursos o desconocimiento. También es el blog literario del escritor Peter R . Vergara Ramírez, autor de ocho libros, y fundador de Ediciones Vergram y Ediver Libros.

Posted in: Reflexiones

2 comments

  1. Tristemente no solo pasa en tu tierra, Peter, me parece que a estas alturas es un tema global. Y coincido plenamente en que deberíamos preservar esa forma de ser y de vivir que has descrito. Siempre es posible aportar nuestro granito de arena. ¡Gracias por compartir! 🙂

  2. Gracias por tu comentario. Nuestra idiosincrasia de pueblo se ha perdido por la modernización de nuestras vidas, y en ese proceso hemos perdido hasta la identidad que nos caracterizaba como ciudadanos de cualquier país. No siempre el supuesto progreso es bueno; a veces, o casi siempre, destruye nuestras tradiciones y la hospitalidad que antaño nos identificaba, y creo que, sinceramente, esos buenos tiempos ya no volverán. La época de dar todo sin esperar algo a cambio ya se terminó; ahora solamente resta aguardar un milagro para que las cosas mejoren aunque sea un poco. Linda tarde y muchos saludos.
    Peter.

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